lunes, 22 de agosto de 2011

Siempre, viejita linda.

Me advirtieron, desde pequeña, que la vida se marcha sin previo aviso ni acuerdo, que las despedidas duelen y que no somos eternos.

Inevitable es esta angustia que brota de tu ausencia, por el dolor de tu partida y la melodía de aquella inquebrantable voz de miel que ya no está; sin embargo, tengo la certeza de que hoy nos deja sólo tu cuerpo, pues siempre estarás conmigo y estarás en el corazón de los que te amamos, porque siempre has sido incondicional, con cada uno de nosotros.

Nadie dijo que sería fácil, intensos han sido estos días, nos duele asumir tu partida, pero tranquilos estamos pues estás descansado, y segura estoy, que ahora te encuentras junto a mi primo Sergito, nuestra querida Abuelita Corita y tus amigas entrañables: la Sra. Anita y nuestra querida Martita, que no tengo duda, te ha estado esperando para jamás volver a separarse de ti.

Hoy, la nostalgia y los recuerdos me invaden, sé que las despedidas son parte de esta vida, centrífuga y de pronto impredecible, pero para mí siempre has sido y serás eterna. Inolvidables se dibujan en mi mente recuerdos, historias, momentos; ¡cómo quisiera que la memoria jamás fallase!... Cómo olvidar aquellas tardes, en las que como una artista te la pasabas tejiendo algún muñequito de lana o un chalequito para cuidarnos del frío. Cómo olvidar aquellos viajes a Talagante, en los que más de alguna vez mis primos Sergito, Alvaro, Loreto y mi hermano Felipe te acompañaron; regresando a casa en bus en el que muchas veces nos quedamos dormidos en la calidez de tu regazo maternal. Cómo olvidar la suavidad y calidez de tus manos llenas de experiencia y sabiduría. Cómo olvidar esa sonrisa cómplice y sincera, esos ojitos pequeñitos tan llenos de luz. Cómo olvidar aquellas historias de campo que me contabas mientras yo, desde mis infantiles oídos, imaginaba reales: gallinas blancas corriendo con polluelos a medianoche o niñas peinándose bajo interminabes cascadas mágicas. Cómo olvidar esas maravillosas papas rellenas con queso que enseñaste y que tu nieto Felipe aprendió a cocinar. Linda, me quedo con tu caminar ágil y esos pasos firmes que dabas cuando me ibas a buscar al jardín y yo me colgaba inocente de tu brazo, cuando íbamos a comprar los dulces de anís, esos que tanto te gustaban, donde Don Pedro o cuando, simplemente, salíamos a coger un par de flores y a disfrutar el sol de la tarde.

Es cierto, son momentos que espero jamás olvidar, después de todo fueron años, para mí la vida entera; por esto y más hoy quiero que sepas que me quedo con tu amor inmenso por la vida, con tus ganas de seguir y tu fortaleza ante la adversidad; me quedo con tus sabios consejos, tu bondad y tu perseverancia, me quedo con tu enseñanza y tus experiencias, me quedo con tu sonrisa y tu lucha. Mi Viejita Linda, eres un ejemplo de vida, para todos los que hoy estamos reunidos entorno a tu partir. Me quedo con la satisfacción de saber que cambiaste nuestras vidas y las llenaste de amor, como sólo tú sabes amar.

Estaré eternamente agradecida, por todo lo que me entregaste, sólo te pido nos des tu fortaleza para seguir adelante.
Siempre estarás en nuestros corazones, descansa mi viejita linda y protege nuestra familia estés donde estés.

Te amo, siempre.

domingo, 3 de julio de 2011

Hasta que el café se enfríe.

Decidir. Debería ser tan simple como querer darle un mordisco a la carne jugosa cuando se está hambriento. No deberíamos pensar en explicaciones, ni preparar algún experimento cardiovascular, no es ninguna ciencia milenaria ni mucho menos una prueba de esta máquina de biopoder teológica y sexual -y, asquerosamente, religiosa hasta el esfínter y más allá de la coronilla- que es la sociedad actual. Donde nos ponen etiquetas hasta en el páncreas. Decidir, insisto, no debería tener razón de ser, no hay cuestionamientos. Hacerlo y ya está.
¿Quién dijo que la boca sólo sirve para comer y hablar?

jueves, 30 de junio de 2011

(In) decisión.

Somos expertos en hacernos los tontos,
en odiar lo que amamos,
en amar lo que odiamos,
en querer
dulce cuando en realidad queremos ácido.
¡Plastifiquémonos la boca, nunca el corazón!

Casi siempre.

A veces sufro de amigdalitis.
A veces de insomnio.
A veces de hamburguesismo crónico.
A veces de lujuria.
A veces de ira.
A veces de alcoholismo.
A veces de egoísmo.
A veces de melancolía.
A veces de flojera extrema.
Pero siempre es un gusto sufrir de amor.

martes, 21 de junio de 2011

Vámonos a-marte.

Un beso en la mitad del Paseo Ahumada
¡desaparecen todos,
solos estamos!
y Santiago
cansado de tanto frío
se llena de vos
y yo de ti
de tu cálida forma de amar
porque no hay inviernos
cuanto contigo estoy.

lunes, 23 de mayo de 2011

Dos.

Llegaste
cuando menos lo esperé
iluminando cada rincón
llenando cada grieta
y vacío
de este cuerpo
agonizante
de tantas guerras
y es que no había sido fácil
tanta soledad
tantos bares
y noches
tantas trincheras
de carne
heridas de pisco
y noches de baile.

Eres tanto
y tan intenso
es esto que siento
que la felicidad
ha cambiado
el gris de esta ciudad
pintándolo de sur
de otoños australes
de mares centrales
y es que la distancia es nada
porque estás aquí
cuando te pienso
y te siento
dentro de mí.

Estás, aquí
junto a las ventanas
semi-abiertas
de la eternidad
invitándome
a colgarme de tus pestañas
y a ser uno
en esta vida centrífuga
que nos arrastra
(inevitablemente)
a sentir.

martes, 17 de mayo de 2011

Epicentro en la zona centro.

Un par de segundos fueron suficientes para que el apocalipsis comenzara a manifestarse, primero, con un pequeño temblor que remeció prácticamente todo aquél (aparente) cosmos cerebral. La zona de la catástrofe abarcó todo el cuerpo y parte del alma. Innumerables replicas comenzaron a derrumbarme de a poquito. Unas en el sur, empezando por mis pies, luego mis piernas y rodillas. Minutos más tarde la zona centro-sur fue azotada por un terremoto de gran magnitud, provocando un tsunami que dejó toda la piel bajo el agua y la zona sur completamente anegada.
Miles de latidos murieron, mis pasos se extraviaron, mis uñas desaparecieron y mis arterias están repartidas quién sabe dónde, qué decir de mi docena de huesos damnificados.

Caos, todo es, caos.

sábado, 14 de mayo de 2011

Cuando despiertes.

Tu piel en mi
cuarenta grados
y el sol
entrando
en nuestras bocas
testigo único
de nuestras imperfecciones.

martes, 3 de mayo de 2011

Luna.

Un par de toneladas
cuelgan
desde estos parpados

cansados
de tanto abrir y cerrar
de tanto mar

de tanto otoño
y hojas y tierras y palas
inevitable
es esta angustia
que brota de tu ausencia
por el silencio
de tus pasos ausentes
por el dolor

de tu partida
y el silencio
inquebrantable
de aquellos ladridos de miel
que hoy
ya no están.

La casa no será lo mismo sin ti, Pequeña.

lunes, 2 de mayo de 2011

¿Y?

Vienes, te vas, estás, me quitas;
te doy, resisto, te doy, te quito;
me voy, estoy, vengo y resisto;
vuelvo, resistes, estoy, no estás;
te vas. Y a veces vuelves, cuando no estoy.

No somos la misma.

miércoles, 20 de abril de 2011

La urgencia de unas vacaciones mentales.

Me canso porque a veces no puedo conmigo. Hoy no puedo.
Me cansa vivir la vida-uno: compuestita, peinadita, adornada, diciendo lo necesario y lo justo, pensando quinientas cuarenta y dos mil veces las cosas antes de hablarlas (o no hablarlas), comiendo mucho, durmiendo poco.
Me cansa vivir la vida-dos: complicada, tomando decisiones alocadas que en vez de decisiones parecen eventos cósmicos, haciendo cortocircuito a diario, comiendo poco, durmiendo mucho.
Quiero dejar la vida-uno aún sabiendo que la vida-dos es más cercana a la (auto)destrucción.

Varias veces al día mi cerebro hace clac clac y me traslada violentamente hacia el país de las cosas sin explicación.
Me autocondeno al exilio.

lunes, 28 de marzo de 2011

Estás.

Apareciste, de pronto, llenando poco a poco cada rincón de este reducto casi infinito de tanto vacío.
Pintado de noviembre estaba todo, los árboles celosos de tanto viento bailaban en sus torpes troncos la danza de la primavera y sus flores trémulas... Luego, tus risas, algo en mí y lo inesperado ¿Quién iba a pensarlo?
Tú, con tu nariz perfecta. Con tus ojos eternos y tu piel color abril.
Tú y esa cálida sonrisa, que brota exacta y crece puntual, con la que vibra mi piel y mis ganas de más; ¡y es que eres tanto! y tan grandes son las ganas de tenerte aquí que los minutos se disfrazan de eternidad burlándose de esta voraz sed de ti, que tengo hace horas y no logro saciar con el recuerdo. Eres tanto y tan grande es esto que siento/respiro y pienso que todo el tiempo no es suficiente, que cien otoños es poco y las palabras incompetentes.
Necesaria es, cada vez más, tu piel en mis mañanas, tu sonrisa reviviendo mis entrañas y tus manos abrazando mi espalda. Hoy siento, y te siento aquí.
De amarillo y azul se tiñeron nuestros días, colores que dibujaron nuestro andar y acompañaron aquél sur que en treinta días hicimos nuestro, recorriendo caminos y alturas de apariencia interminable, jamás imaginables. Nuestras manos entrelazadas fueron abriendo senderos y nuestros ojos poco a poco fueron fundiéndose con el horizonte austral, más alla de lo pensable. Horizonte que un día pareció tan lejano e inalcanzable y que hoy llevo dentro, acompañando cada paso que doy.
Por ti, por nosotros, por este sentir que pensé jamás llegaría.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Premonición.

Durante el último tiempo mis acciones han fluctuado entre resistencias y entregas, entregas y renuncias, renuncias y resistencias. Al final, el cuento es (y ha sido) pura tensión. Pero bueno, con una política tan rasca como esta no se puede pedir más; es como la teoría del pinchazo: causa-efecto y ya está.
Ahora la caída es representada por mi incapacidad para entender cómo diablos llego a marcar ese número en mi teléfono, cómo dediqué esa canción tan de novela llorona y cómo pude decir aquella estupidez -del porte de un buque- la noche anterior. Me digo a mi misma que no debería, que no, que no y que no; que Paula detente, que para, que hasta cuándo.
Pero no hay caso, aunque las estadísticas me indiquen que el resultado de la acción que llevaré a cabo será (en el futuro próximo) un desastre, de igual manera la pongo en marcha. Y el paisaje se tiñe color hormiga. Algo aquí no anda bien, Doña Obstinación. El problema es que me pongo a pensar, en las posibles (e imposibles) consecuencias, después de haber dejado la cagá'.


viernes, 26 de noviembre de 2010

Mujer, pronto todos los días serán Viernes.

Nuestros tiempos coincidieron, por accidente; como coincide el tiempo de los picantes sublevados que bailan el tango de los amantes.
Envueltas íbamos en la salsa blanca de nuestros días, chapoteando en la crema caliente de nuestros corazones pegajosos. Así, un poco revueltas, caminando juntas por la Alameda oscura pero rebosante de tanto sol, llegamos a coincidir en aquél abrazo eterno... Cómo olvidarlo.
Cómo olvidar tus manos blancas y el cigarro famélico entre tus dedos, tu rasgado pantalón negro, tus zapatillas rojas con su poderoso perfume; no olvido, la cerveza oculta, la caída del puente, el tinto en los labios y la herida en la piel; no olvido la noche estrellada, las mil cartas ni la canción de Nirvana. Cómo olvidar ese anaranjado atardecer en el puente de Santa Ana. No podría ser de otra forma... Cómo olvidarlo.
Linda, hagamos silencio, que no hay que despertar a los cuervos ni a las brujas otoñales, a los monstruos de ladrido de manjar enfrascados en destruirnos o destruirse, en querernos o dejarnos querer. Qué importan, ellos no importan. Pequeña gran mujer; hoy, estamos. Aunque el hígado se nos desgarre y los dedos nos palpiten, aunque las piernas nos tiemblen y los dientes crujan y se tricen. Aquí estamos, la distancia no existe, desaparece cuando te pienso.
Desordenadas, siempre despeinadas, tal vez desaliñadas. Rompiendo (nuestros) corazones, ventanas y paciencias. No te preocupes, esta vez, no es para hablar de mi última metidas de patas, ni del último sábado, no volveré a preguntarte si escuchaste la última mierda sobre educación o si barajaste la última discusión con tu almohada, si sentiste el último temblor o si te comiste aquella codiciada sopaipilla sabor Alameda; tampoco preguntaré si te embobaste de nuevo con esa tonta del barrio de antaño. Es sólo para recordarte que aquí y allá estoy, que no importa la noche anterior, el mes, o el año de porquería, porque pronto nos pondremos al día con coloridas cervecitas o tacitas de café, al lado de tus cigarros y de nuestros comentarios que (nos) asustan. A mordiscos le sacaremos la boca a las estrellas, hambrientas, ¡sí, hambrientas! con la boca celeste de tanto tinto.
Quizás debimos ser monjas para tener más complicidad (¡quién sabe!), quizás partimos como bacteria y polvo (o tal vez, "¿producto de una reacción química?"... es una broma), quién sabe si fuimos o no, quién sabe si hemos sido esto o lo otro, o gusano y manzana, hermanas o amigas, o tumba y cementerio. Mientras escribo, tú quizás estés soñando; mientras yo esté durmiendo, tú quizás estés imaginando; siempre extremas, siempre diversas, a veces eternas. Nadie sabe en realidad lo que hemos sido por tanto tiempo, ni tampoco nadie ha sabido lo que nos hemos dicho en tanto ciclo; jamás sabrán. Mas no importa, sólo importa saber que estamos. Y no hay expectativas, ni preguntas, no importa realmente si eres tú o yo, en colores reventados o grises acaramelados, no importa dónde estemos, si nos desternillamos de la risa o si nos sangran de nuevo esas viejas heridas; no importa... No importa el tiempo, menos la distancia... ¡Aquí estamos! Y no importa nada más...
Gracias, por cambiar de pronto mi vida.

Feliz Cumpleaños Milla.
Un abrazo eterno, a través del inquieto azul.

Tan fome.

Reflexionando, pensándolo bien, con la perspectiva del tiempo y de tantas cosas, hoy me doy cuenta que aquello que hace un tiempo parecía un error no es más que el curso natural de las cosas. Como me dijo un buen amigo, los mentirosos, esos que mienten deliberadamente y que niegan su realidad para sentirse bien consigo mismos, sólo son malas personas y nada más, de quienes hay que salir huyendo, arrancar, lo más lejos posible.

Siempre me quejo de mi mala pata, ¿será una cuestión cósmica? o peor aún, quizás sea un déficit de la actitud que (muchas veces) me hace estar en el lugar equivocado, llegar demasiado temprano o muy tarde; o que, simplemente, me lleva a pensar que no debí haber llegado. La verdad es que desde hace tiempo que pensé en empezar a creer que tengo "un poco" de suerte (que es mejor que pensar que no tengo ninguna) y que es cosa de algunos ajustes y ya está. Desde esa perspectiva podría narrar los sucesos acontecidos durante el último mes. Ahora no, porque encuentro todo fome: las micros, los perros, la hamburguesa, la gente; lo que podría resultar fatal.

Esto está tan fome.. ¡Pero tengo una historia!... que escribiré mañana.


Mejor, pasado mañana.

lunes, 8 de noviembre de 2010

(No) Debería.

Después de la saciedad, se ancla el vacío,
luego del atracón, las quejas,
después de la risa, el espanto,
después del exceso, el nunca más.
Aquí vamos de nuevo, nadie sabe dónde.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Vida.

El día está soleado, hermoso
primaverado todo
las nubes blancas
casi celestes
hacen la distancia nada.

Me lleno vos.

domingo, 22 de agosto de 2010

Sobredosis de imbéciles.

Mi Mami me enseñó que hay varios tipos de decisiones que uno toma en la vida y que cuando uno toma una muy pésima decisión esa le penará durante mucho tiempo y se convertirá en una sombra desagradable que nunca dejará de molestar. Pero, lamentablemente, a veces he sido tan "inocente" que me he dejado llevar por gente muy mala clase y he confiado hasta el infinito en los peores farsantes de la tierra; por ello, haber llegado al convencimiento de que mi decisión de haber creído había sido tan pero tan mala es algo que me duele cada vez que lo recuerdo. Por eso mismo, intento eliminar a ese tipo de personas de mi vida, trato de borrarlas y me gustaría incluso que la gente nisiquiera las mencionara porque me dan asco, no las tolero y espero que nunca más tuviera que encontrármelas en la vida. Pero como tengo mala suerte y, además, se me ha ocurrido vincularme con gente perversa y baja, tengo que pagar las consecuencias.

Puras quejas.

¿Alguien realmente le dará uso a la libertad concedida para expresar ideas? ¿O, en efecto, no tenemos tantas ideas? Creo que el límite mental en algunos es infinitamente mayor que la cavidad que contiene al cerebro, unos pululan como ovejitas contentándose de pan y circo y otros embobados se reunen estáticos frente a la pantalla viendo la teleserie de turno, sin saber qué ocurre ni por qué. Si hay algo que realmente me molesta es la complacencia en extremo, esa complacencia que transforma a las personas en deshonestas y cobardes. También me carga la cobardía, sin embargo, detesto pensar que la he practicado disfrazándola de flojera, para que no se note tanto. Eso. A veces, no quiero hacer nada... Por mí, que existiera un método de suspensión y que me despertaran cuando existiera un tratamiento para solucionar mi mal. -Y, ¿cuál es ese mal?- La decepción. -¿Y las expectativas?-. No tengo, me han dolido mucho.
Esto quizás sea lo que le pasa a la gente cuando las cosas (algunas) dejan de importarle, cuando se endurece "el espíritu" y se apartan las intenciones y las sonrisas. Debería dejar de pensar tanto, me gustaría desactivar el mecanismo de la reflexión; me parece que no es muy necesario para vivir y "triunfar". Y lo digo porque, en este país, cualquiera con menos kilómetros de razonamiento que un camello puede escribir y publicar un libro, ser best seller, llegar a los top en ventas, obtener titulares, conferencias de prensa y; sin embargo, el poeta que escribe con sangre propia algunas hojas sueltas, es noticia y figura sólo cuando se suicida, y sus amigos se lamentan por esa pobre vida infame.
Así es, puedo decir que hasta me aburrí de mí y de mi decepción. Siento que no tengo nada que decir, ninguna novedad que aportar.
Chao.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Vacuidad compartida.

Yo me iré
quizás vuelva a verte, tal vez no
pero el tiempo ya se habrá desangrado
y los peces te preguntarán
con qué fin, para qué festejar
si no queda mar para beber

ni arena para amar

Cuándo lograrás entender
que lo divino no existe

ni siquiera nosotros
a veces estamos, ¡pero no!
tranquilos reíamos
mas hoy, hemos muerto
uno en las manos del otro

Ni la luz trémula de tus rutilantes pupilas
ni el fulgor de tus étereas palabras
podrá calmar esta noche glacial
regálame tus otoños, ¡adormece mis versos!
y tal vez pronto regresemos
al rincón en donde crecen las estrellas

Quizás el mundo se nos abra
cuando la luna silente apague
sin darnos aviso
aquél centro errante y vacío
cual corazón sin primaveras
de un árbol sin latidos

Tal vez los muertos floten
masticando gusanos celestes
con las arterias adheridas al espanto
incierto e inevitable de esta vida
fugaz pero de pronto eterna

Quizás nos encontremos
en la esquina de un círculo
en la curva de una recta
tal vez en el ritmo perdido
de esta eterna paradoja

Mas tus pupilas han muerto
en la luna habitan los gusanos
celestes de espanto
vomitan las arterias del mundo

Cansada de esperar
noventa domingos frente al mar
ingiero la distancia, ¡me trago las ausencias!

Hoy, te recibo sombra mía
te escondí durante tanto tiempo
mas siempre cuidaste de mis pasos


Me he acostumbrado tanto
a escapar ti, Paula, a no escucharte

Hoy te recibo, mas parece una locura
¡que seamos una, siendo tan diferentes!

viernes, 30 de julio de 2010

Algo parece que falta.

Tanta sensibilidad me aterroriza y hace que me duelan hasta las uñas de los pies. Más encima la maldita aparece cuando se le da la gana, ni siquiera avisa. Por último golpeara la puerta, pero no, la muy patuda llega y entra como Pedro por su casa invadiendo hasta el más recóndito rincón de este cuerpo mutilado.

viernes, 16 de julio de 2010

La soledad tiene color amargo.

Al final, todo queda ahí: en nada. A medio hacer o sin hacer.
Hoy sentí el frío y sentí reventarse mi alma por los pies, caminé por calles vacías anaranjadas de soledad, me senté en cada plaza y con todas mis arterias envidié a los amantes. Siempre sola, pensando en cómo sería si... Y claro, como siempre, no llego a conclusiones.
Me pregunto si alguna vez volveré a sentir.
Luego, intento responderme... y el diálogo conmigo misma cada vez se dificulta más.
Ni siquiera me escucho.

jueves, 15 de julio de 2010

Frágil eternidad.

Todo aquello que creí eterno
se tornó frágil, enfermo
quebradizo como las hojas de este invierno
resbaladizo cual incomodo silencio.

Aquél verde roble fuerte
con raices de piedra y tronco de miel
hoy entra en madera, vuelve a creer
luego la tierra, antes del ser.

viernes, 18 de junio de 2010

Mute.

La conversación se torna una danza
las palabras rosan el cuerpo
al compás del pestañeo
el alma se estremece
al ritmo de las palabras
compartimos escenario danzando
aquí tú, allá yo
sintiendo
sin tiempo
lejos, talvez cerca
en este rincón, pequeño reducto
de un espacio infinito.

Bailamos en la distancia
y en la cercanía
este baile sin ritmo
un poco perdidos
medios en silencio
tal vez heridos.

lunes, 10 de mayo de 2010

Nublado.

Resulta que... me subo al bus muy de verano y hora después despierto y me bajo en el terminal encontrándome con un cielo despiadadamente gris. Casi muero de frío. La gente anda muy depre y me contagia, todos caminan grises, vacíos, un poco aquí, un poco allá, un poco con el alma no sé dónde. Quisiera ser un poquito más 'fortachona' y dármelas de que nada me importa, pero no puedo, hoy día tengo pena y no hay nadie, ni siquiera yo estoy para escucharme. Detesto esta sensibilidad crónica que me inunda hasta las entrañas, que me duele hasta en los huesos. Siento pena hasta porque se me pasó la micro, porque se me acabaron los cigarros, porque no sonó el teléfono, porque no estás, porque no llegaron cartas; demasiada sensibilidad.
Me robaron el otoño.

lunes, 26 de abril de 2010

El tiempo en la piel.

Estábamos en la cocina, era la noche de un sábado, el viento se colaba por la ventana y ella me hacía notar que en sus cansados huesos el frío otoñal hacía lo suyo. Me habló durante horas, de penas, de amores y de dolores. Yo sostenía un famélico cigarro entre los dedos y ella una copa de tinto que de vez en cuando se llevaba a sus violáceos labios. Hacía frío pero no importaba pues momentos como aquel ocurren pocas veces y, es mejor decir pocas que decir nunca, así que me quedé atenta escuchándola. La piel ajada de sus manos ásperas acariciaba mi mejilla mientras una lágrima se deslizaba entre las bolsas de sus ojos hasta aterrizar en las líneas de su boca. Me dijo 'vuelve', me dijo 'te necesito', me dijo tantas cosas y yo no supe qué decir. Si supieras mujer, cómo me hace falta la caricia de tus manos curtidas por el cloro y amarillentas de tabaco, maltratadas por la artritis y por los años; sin embargo, tibias y bondadosas, desinteresadas y humildes, cómo te necesito, mujer, en esta noche azulosa de frío y gris de soledad. Cómo quisiera estar a tu lado, riéndonos de tus locuras y llorando nuestras penas. Cómo te amo, mujer.

martes, 20 de abril de 2010

Desastres.

Somos expertos
en silenciar el corazón
cuando sólo deberíamos
callar la boca
y prevenir los terremotos
y tsunamis ocasionados por abrirla.

viernes, 19 de marzo de 2010

Y yo no tengo más que decir.

Así es el amanecer del etílico Santiago, los borrachos se retuercen llorando en sus grises calles y las prostitutas lamentan al cliente perdido.

jueves, 18 de febrero de 2010

De la ausencia.

Extraño esa manera tuya de hacerme sentir la piel impenetrable,
esa forma de hacerme creer infinita e imaginarme inquebrantable,
ese modo tuyo de iluminar lo grisáceo con tu voz multicolor,
esa forma de pintar el cielo violáceo sin pincel ni sol,
extraño esa forma tuya de abrazarme y triturarme el esternón.

Extraño esas madrugadas azules de tortuoso hablar piscolero,
esa forma de hacerme sentir en una mano las estrellas y en la otra el cenicero,
ese modo tuyo de masticar el cielo y escupir planetas en mi cuerpo,
esa forma de volar fugaz y seducir al tiempo,
extraño esa forma tuya de hacerme vibrar hasta los huesos.

NECESITO sentir.

sábado, 13 de febrero de 2010

Córtenla.

Las mujeres no deben tomar tanto. Las mujeres manejan mal. Las mujeres no pueden salir solas. Las mujeres se ven feas fumando. Las mujeres no se masturban. Las mujeres y el vestidito. Las mujeres y el rosadito. Las mujeres dóciles, mujeres suaves, femeninas, mujeres mujeres mujeres.
Con mucho respeto, a las embarazadas del machismo eterno y a los acumulados con litros de semen patriarcal: váyanse un ratito largo a la cresta.

sábado, 2 de enero de 2010

Anti-tiempo.

¿Qué onda? Es como si el tiempo lo estuviese controlando un ser supremo, un alienígena, un Dios mapudungún, egipcio, africano, Buda, Alá, un perro, un marciano, un robot o un no sé qué. En fin, lo que sea y como sea, siento que diez años se redujeron a un día. Que ayer hubiera sido hace un segundo. Que la vida es más corta que una pestaña. Que alguien está controlando relojes, modificando calendarios. Definitivamente, esto no me gusta. El tiempo últimamente está pasando más rápido, cada año tiene menos días, cada día menos minutos y cada minuto menos segundos.
¿Existe algo así como fobia al tiempo?
Creo acabo de descubrir que sí.

martes, 15 de diciembre de 2009

Santiago tiene un big falo.

Cuando el reloj marque las doce la Torre Entel lanzará semen iluminando el rostro del cielo Santiaguino mientras nosotros desde la Alameda contemplaremos boquiabiertos los fuegos artificiales penetrando en la noche.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Con el corazón salado.

Caminaron sobre la arena mientras el mar les arañaba los pies, subieron unas rocas para poder apreciar mejor el hermoso paisaje y se sentaron sobre una de ellas para descansar. Eran las ocho y quince y ante sus ojos una hermosa puesta de sol iluminaba la tarde. Un barco dibujaba una línea en el mar y se perdía en el horizonte. Los colores del cielo decoraban la tarde: púrpura, naranjo, celeste y amarillo. El viento les acariciaba el rostro mientras ellos se besaban con ímpetu. Estaban solos. Él con sus torpes manos rodeaba su cintura y ella acomodaba suavemente su cabeza en el pecho de él. Se fue el sol y se escondió quién sabe dónde. El cielo comenzó a pintarse de gris. Él se levantó y fue hasta el borde de la roca más alta para mirar cómo las olas rompían en las rocas de más abajo. Ella, también quería ser espectadora de tal escena, caminó hacia donde estaba su amado lo abrazó y besó como nunca. "Te amo" le dijo con ternura. Dieron juntos un paso hacia delante...

...y la sangre tiñó el mar.

domingo, 18 de octubre de 2009

¡Salud!

Intentar recordar aquello que sucedió después de las cuatro me resulta un tanto complicado. La verdad es que creo tuve alzheimer por un par de horas. No recuerdo lugar, personas, ni quién fui. Hago el esfuerzo pero no hay caso. Difícil es al otro día acordarse del show, de los 'te quiero amigo', de las llamadas con un vaso en una mano y el teléfono en la otra, de con cuántos (o con cuántas), de las idas al baño con compañía, de la 'siesta' en la escalera, de la caminata en zig-zag, de las promesas, del odio compulsivo y del amor sin temor. De las ganas inexorables. De la mezcolanza, del cigarro prendido al revés. Insisto es difícil, incluso al otro día, cuando te falta poco pa' que la cabeza se te reviente, y peor aún, si sientes que tus neuronas están en pleno concierto de heavy metal. Una batería y mil tambores retumbando en la cabeza. Hasta el aroma más dulce se torna nauseabundo, el sonido más suave, aquel que en algún momento fue imperceptible se multiplica por mil.
En batallas como estas el agua es el más fiel aliado y las sabanas son el mejor refugio. Ni veinticuatro horas de sueño serían suficiente. Por eso, prometo que nunca más. (Al menos hasta mañana).

Ofrezco las disculpas pertinentes.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Chocolates y primavera.

Arranqué del puerto y llegué a la urbe. Bajé del bus y ahí estaba, puntual como siempre, esperándome con un cigarro famélico entre los dedos. Recuerdo que le hice un gestito, para que me esperara un poco más allá, así que nos encontramos a un par de cuadras del terminal. Hace meses que no nos veíamos, quizás eso hizo que la conversación se alargara más de lo previsto, ya me estaba dando lata tanta verborrea, tanta charlatanería. Estábamos en un café frente al Santa Lucía y él, no se cansaba de contarme sus historias, esas de "macho", esas de carretes: cuántas minas, cuántos copetes, cuántas cachitas; qué se yo. Como si me importara... ¡Pura Lata!... Así que mejor pedí la cuenta (yo invitaba al café y él, a lo que venía después). Siempre usando al pobre e inocente café como excusa, pa' puro dilatar el asunto ¿Cuál es la idea?, ¿pa' qué no se vea tan "grosero"? Jaja, por favor. Ambos sabíamos a lo que íbamos. Y 'uta que la pasamos bien ese ratito.
Claro, hace rato yo venía diciéndole que era hora de dejar la mamonería de lado, echar de la cama esas conversaciones amorosas que no llegan a ninguna parte, eliminar esos correos que no tienen ni pies ni cabeza, matar bien esos te quiero que nacieron medio-muertos, terminar con esas llamadas a medianoche.
¡Es tiempo de dejar las novelas en el cajón! Ponernos fríos de una vez, tirar a la línea del metro ese músculo palpitante. Sacar el animal que llevamos dentro. Saciar la sed. El hambre, las ganas.
Cuento corto: llegamos, entregamos las "cédulas de identidad", efectivo, tres horas. Subimos al ascensor: piso 4. Caminamos hacia la derecha: habitación 42. Con urgencia nos arrancamos la ropa y...

¡Mentira! Estoy aquí frente al mar, sola pa' variar. Y, estoy que agarro el teléfono y lo llamo y le digo, de una vez por todas, que tome un bus y me venga a ver. Y salgamos a pasear, a dar una vueltita por los cerros, a tomar un café y besarnos mientras el sol se prepara para irse al otro lado. Para que me venga a ver y caminemos por la orilla de la playa mojándonos las patitas y luego revolcarnos en la arena dibujando corazoncitos.

Siento que, realmente, me hace falta amar.
Este no es el mes.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Me carga.

Me carga septiembre, la primavera y las florcitas, los amantes y los parques, tanto pétalo y color. Me carga. Me carga, sobretodo, porque tengo que andar con un kilo de pañuelos desechables en la mochila y, realmente, no sé si será por el polen.
Lo sé, soy una cuarentona de diecinueve años a punto de cumplir ochenta. Soy una chascona, una mujer ("es niña", dijo el médico), desaliñada y desabrida. Soy fome, muy pero muy fome. Canto mal, pésimo, desafino con cuática y se me acaba el aire justo en la mitad de las canciones. Me gustan las películas mamonas, esas pa' picar la cebolla; puedo repetírmelas y volver a llorar cincuenta veces con la misma escena. Para qué hablar de las canciones, si de masoquismo se trata creo que me gané el trofeo; si estoy mal tengo que escuchar una canción que dure más de lo que me dure la pena y ojalá la intensifique ah, por cierto, si esta nublado mejor. Ah, y volviendo a los me carga, ahora que siento el dolor de cabeza post-viernes recuerdo que también me cargan el vodka y el pisco sour. Me cargan tantas cosas, antes me cargaban hasta las tortas, ahora último no más con los años las estoy pasando un poquito, pero tanto dulce me desagrada. Me carga ver fútbol, prefiero jugarlo. Me carga tanto sol, me carga tanto frío. Pero, definitivamente, acabo de descubrir que lo que más me carga de todo esto es este mes. Llega septiembre y ya quiero que termine el año, veo las primeras banderitas y me vienen las náuseas y las ganas de que esta manga de chilenos circunstanciales baile lueguito las cuequitas típicas y cante rápido el ce-ache-í del partido que se viene (perderán, me lo contó un pajarito). Y así, continúan las ganas de dar paso a octubre para que los pendejos salgan de sus casas a buscar dulcecitos y se les llene el hocico de caries gringas y así de un zuácate que pase también noviembre y el "día de todos los santos" para que esta tropa de deudos, también circunstanciales, vaya a ver a sus muertitos y a rezarle a los gusanos come-carne, para que se les borre el peso que han cargado todo el año por no ir a visitarlos; ¿qué diablos?, ¿por qué van ese día y no otro?, ¿tiene algo de especial, acaso, el primer día de noviembre? el cementerio se llena de vivos y los muertos no tienen idea...
Y así quiero, que pasen los días y los meses, que se vaya diciembre y toda esa payasada de felicidad sintética color envase coca-cola que inunda las casas sólo por una noche, que de una vez por todas ese viejo güeón se meta sus regalitos por la raja y asuma su relación zoofílica con Rodolfo. Quiero que terminen tantas cosas y que comiencen otras tantas pero, este mes no. Me carga la primavera, demasiado amor en el aire.
Quiero abril, por favor.

domingo, 6 de septiembre de 2009

A un amante (ficticio).

Hoy cuando te vi me quedé helada y un escalofrío subió por mi espalda. Me comí las uñas y me tembló el cuerpo, no podía creer que otra vez te tuviera frente a mí. Fue demasiado tiempo sin verte. Por eso, por el tiempo, hoy te amé hasta (no) decir basta. Recorrí tu cuerpo desde tus pies hasta tu frente, bajé por tu espalda y luego tomé un desvío hasta tu pecho. Ahí me quedé durante horas, te miré y no me cansé de mirarte; nos reímos juntos mientras el café se enfriaba recordando viejos tiempos, caminatas eternas, besos furtivos, miradas cómplices.
Nos besamos en Ahumada y durante la tarde hicimos el amor mirando el Santa Lucía por la ventana. Te desnudé suavemente, dejé tu ropa caer en la alfombra y comencé a besarte, a rozar tus labios suavemente y también lento. Fui bajando silente hasta llegar a tu pecho, con mi nariz fría viajé hasta el último rincón... tu aroma agrio y tibio me guío... y seguí bajando pero esta vez no dije basta. Llegué hasta donde nuestras almas confluyen. Ahí donde nuestros cuerpos desembocan, donde existe algo más que el nosotros. "Hemos ido tan lejos" te dije, pero no respondiste. Te miro mientras duermes, acaricio tu piel gris, cansada y ajada. El tiempo ha hecho lo suyo, pero no importa, con tu montón de noviembres y septiembres yo te amo. Tu respiración sabe a otoño y huele a abril. Te miro y tus labios entreabiertos me invitan a ser parte de ti, me invitan a fundirme con tu aliento, aliento de vida (y de muerte). Mirandote sigo, tomo tus manos y las beso como si fuera la última vez. Sé que será la última y tu también lo sabes, pero no te importa (en realidad, nada te importa). No quiero pensar en eso, no quiero pensar en que te perderé. Ahora dejo de mirarte, cierro mis ojos y me acerco a ti, me acerco porque quiero sentirte más, quiero imaginarte mío y sentirme tuya. Siempre he sido tuya y me gusta sentirme tuya, sabes que te pertenezco y de eso te aprovechas, sabes que no puedo evitarte. Me rehúso a dejarte, sin embargo, me entrego a la distancia. Te dije una vez jamás te olvidaría y juré no volver a pensarte, pero me es imposible. Tu recuerdo llega a mí todas las tardes y todas las noches y las madrugadas se tornan eternas, tu recuerdo sube por mi espalda, se cuelga de mi cuello y me pesa, me pesa cada vez más. ¿Qué más quieres? Hoy te di todo y te pedí todo también, me entregué completa, caí rendida. Estuviste al lado izquierdo de la cama, a centímetros del borde y yo a punto de caer, cada vez más lejos de ti. Me levanté, tomé mi ropa y me vestí, besé tu frente y me fui. Llegué corriendo hasta el metro, bajé las escaleras y fui hasta Baquedano. Ahí me quedé sola, pensándote. Prendí un cigarro y tu imagen se tiñó de azul, se diluyó.
Pasaron los días y me fui lejos, con el peso de tu recuerdo aún colgando de mi cuello. Otro cuerpo intentó reemplazarte pero nadie me hace sentir como tú. Creo que jamás te olvidaré y aunque te rías, es verdad. Porque te amo y lo sabes, porque te recuerdo y tu no a mí. Sólo fui una más, ¡una de tus putas! quizás no fue coincidencia que nos conociéramos en una esquina. Por ti han pasado muchas, demasiadas, quizás todas, sin excepción.
El otro con el que me acuesto es tu vecino, le hablé de mi locura por ti y siempre ríe, tampoco le importo, también soy una más.
¿Sabes? su cuerpo es más húmedo y su aroma es más bien dulce, su piel es fresca y huele a brisa, sus manos están suaves, debe ser el efecto del viento en la playa de su centro. A veces me hace llegar a puerto bueno, tu sabes... ¡Pero no! te quiero a ti, tus manos secas y tu piel gris ¡maldito seas!, ¿por qué no puedo?
Te escribo porque no puedo olvidarte, ¡sólo por eso! El recuerdo de tu aroma en mis manos no se ha ido, aún permanece. Permanece igual que tu piel en mí, tus colores, tus sabores, tu todo. Esta no será la última vez que te escriba, ten la certeza. Volveré en septiembre, cuando todo en ti sea primavera y tus calles se inunden de sol. Me sumergiré en tu centro y nadaré hasta lo más hondo, para encontrarnos otra vez.

Tu vecino Valparaíso te envía saludos, con él sólo he tenido sexo, nada de amor. Sólo Placeres en un Cerro Alegre. Así que no te pongas celoso, aunque dudo que te importe. Me vine en el bus viendo nuestras fotos, me quedé un par de minutos detenida en las que nos tomamos en Concha y Toro... ¡qué tiempos aquellos!... Te enviaré una copia de las fotos en la Plaza de Armas, unas dos que nos tomamos en el Forestal, las del domingo en Lastarria y las de los helados en el Emporio. Sólo para que intentes recordarme (entre tantas caras digo).
Un beso por debajo de tu piel, directo a tu estación de metro favorita. Al ladito de tu corazón y a dos estaciones de tus ojos.

Tuya siempre, Paula.

¡Santiago, Nadie te amará como yo!

martes, 1 de septiembre de 2009

Me quejo.

La primavera escupe demasiado.
Yo cuento puros cuentos: me vacío la boca y me lleno el cuerpo.
Saber quisiera cuándo llegas, por qué tardas tanto. Te creo todas las noches y te invento todos los días y te miro desde aquí y te grito callada: ¿por qué no me tomas la mano, y bailamos este baile pegajoso? envueltos en nuestros líquidos, fluídos, formas casi perfectas, en nuestro aroma casi eterno... vámonos a un lugar fuera del tiempo, a perdemos en el espacio ¡ven! yo te invito a crear, sentir, romper los dientes y la piel, chocar las cabezas y sudar, gemir, meter y sacar, entrar y salir, querer y dejar e irnos muy lejos, lejos, lejos.
Volar: crear mundos, universos, galaxias, planetas, sentir las estrellas en la boca.
Vibrar: estremecernos, gritar, embriagarnos, movernos, chillar, sentirnos dentro.
Quemarnos en el fuego efímero de la salsa húmeda y azul del cielo.
Caer en la arena, revolcarnos como dos locos, como dos perros dueños uno del otro.
¡Sucumbir de una vez por todas!
¡Hasta cuándo, hombre, te espero!
¡Sin límite devorar cuerpo y alma por separado, quiero!
Fundir, exprimir, succionar, morder.
Vomitar placer, sudar las ganas, expulsar. Apretar y soltar.
¿Cuándo?
Y es que, Señor, tengo un reclamo.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Me lo advirtieron.

No extrañaré el beso amargo
la caricia exánime ni la palabra exangüe
no buscaré el mítico abrazo
la charlatanería ni la mirada envasada.

Extrañaré el beso suave
la caricia bondadosa y la palabra dulce
buscaré el eterno abrazo
la poesía y la mirada melódica.

Algún día.

martes, 25 de agosto de 2009

Te fuiste hace meses, abril.

Encontrarme contigo quisiera
saber que estás, que estamos
juntos como las hojas trémulas
que se funden con el viento
de este crepúsculo sideral

y, sin embargo, sé

que no me ves y yo te veo
que los cigarros y el vino
que los pasillos y las baldosas
cantan tu ausencia y mi melancolía
porque las nubes no son nubes sin tu voz

y, sin embargo, siento

que mis huesos no son huesos sin tu carne
que mi alma no es vida sin tu cuerpo
que mis manos no se moverían
en este preciso instante
si no fuera por tus pasos

y, sin embargo, espero

precisamente ahora, que vuelvas
fugaz como este segundo
que hace dos o tres
o cinco o seis
acaba de partir.